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martes, 4 de agosto de 2015

CONFLICTO Y CONVIVENCIA


Tiempo de Lectura:  8’

Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la mejor manera de adaptarse a la realidad. David Viscott 

Introducción
Estimados amigos, amigas, familia y hermanos en Cristo. Cuanto se podría escribir sobre estas dos palabras. Tan emparentadas en nuestras vidas como parte integrante de una sociedad . Ansiamos vivir con el otro, no soportamos el aislamiento, estar solos, y por el contrario necesitamos ser integrados a una comunidad, ser participes activos de ella. La primera comunidad es la familia misma , a partir de allí le siguen la escuela, la universidad, la empresa en donde trabajo, los clubes, la iglesia donde me congrego, etc. Siempre estamos rodeados de seres, de personas. No  obstante esa necesidad choca en forma casi paradójica en conflictos , múltiples conflictos diría. La  ineptitud para convivir en armonía en todos los ámbitos sin excepción.
A continuación comparto con ustedes queridos amigos, un artículo muy sustancioso, cuyo autor es  Julián Jesús  Martínez López, y se explaya muy claramente sobre el tema. 



Todo problema que se le plantea al ser humano tiene una vertiente grupal dado que el
ser humano es un ser social. No podría ser de otro modo pues nuestro yo, nuestra conciencia, se forma en un proceso de socialización, como ya dijimos más arriba, y en este proceso adoptamos destrezas y conocimientos en interrelación con los demás.

      Por ello, los problemas humanos, las dificultades que nos encontramos a lo largo

de nuestra vida directa o indirectamente atañen a nuestra relación con los demás hombres y mujeres (esos otros yo o conciencias que nos rodean). Ciertamente, también hay que tener en cuenta el entorno natural, los seres vivos y las cosas que no son seres humanos, pero lo que queremos decir es que incluso esas otras cosas y seres vivos, que vemos o que tratamos, de modo directo o indirecto están relacionados con otros seres humanos, incluidos nosotros mismos.
En vista de esto, diremos que una de las cuestiones de fondo de la conducta humana es la convivencia con los otros seres humanos. La vida en común es el fondo sobre el que se tejen nuestras satisfacciones y nuestras insatisfacciones. Pensad por ejemplo en vuestra familia: vuestros padres, vuestros hermanos, o en vuestros amigos. Como parte de grupos sociales, desarrollamos nuestra naturaleza humana. Obviamente, a veces la convivencia no resulta fácil, y surgen problemas, dificultades que debemos resolver. Pero para ello tenemos nuestras emociones, sentimientos, e inteligencia. Y por supuesto, tenemos a los demás, con sus respectivas emociones, sentimientos. 

La vida humana no es estática. La vida humana es complicada y dinámica. Cambiamos nosotros y cambian los demás. No pocas veces surgen problemas que hay que solucionar y también diferencias, desacuerdos, y tal vez, incomodidad, insatisfacción, infelicidad. Hay que asumir que nuestro mundo es un mundo dinámico y conflictivo, pero ello no significa que debemos resignarnos a la infelicidad. Somos suficientemente inteligentes como para poder encaminar nuestras relaciones de modo que estas relaciones sean mejores dentro de las circunstancias que nos toquen vivir. Ello depende mucho de la actitud que tengamos en la resolución de nuestros conflictos.


      La Filosofía moral o Ética parte de este fondo del convivir conflictivo que es la vida del ser humano. Desde la antigüedad, los filósofos han pensado, en el marco de sus teorías, qué actitudes debemos adoptar para enfrentarnos del modo más positivo a los conflictos.
      Platón (427/428 a 347 a. C.) se refirió al control racional, inteligente, de nuestras emociones. La razón, la inteligencia humana ha de controlar estas emociones para que éstas no se "disparen" y nos hagan llegar a extremos indeseados.

      El gran filósofo Aristóteles, discípulo de Platón, el mismo que dijo que el ser humano es un animal social, destacó la importancia de la moderación de nuestras emociones y sentimientos. Él habló de un "justo punto medio" que cada hombre debía buscar. Un ejemplo que puso el propio Aristóteles es el punto medio entre la cobardía y la temeridad; este punto medio es la valentía bien entendida en cada persona.



      La inteligencia humana hace posible una educación sentimental o emocional encaminada a que surjan en nosotros actitudes positivas para conducir nuestra vida individual y grupal hacia derroteros de mayor felicidad. Ciertamente, esa misma inteligencia también se puede poner al servicio del daño y de la infelicidad. Este es un problema permanente para la filosofía, el de la última justificación del bien y del mal.

Aunque no hay una solución precisa a este problema, si que os invitamos a reflexionar en qué proporción la infelicidad que unos seres humanos nos causamos a otros está provocada por errores en la administración de nuestra propia conducta. Hay un filósofo del siglo XVIII, David Hume (1711-1776), que pensaba que lo normal es que todo hombre y toda mujer nazcan con una "simpatía natural", una especie de sentimiento de fondo que nos inclina a sentirnos bien cultivando simultáneamente la felicidad propia y también la de los demás, y que está en la raíz de nuestro ser social. A partir de este innato sentimiento de fondo se podrían ir matizando nuestras emociones básicas, también innatas, de modo inteligente, en la medida de lo posible.
    
  Vamos a terminar este tema con una lista de lo que actualmente se considera, desde la Psicología, el repertorio de capacidades facilitadoras de la convivencia. Entendemos que estas capacidades suponen una gestión inteligente de nuestras emociones básicas. La lista que os presentamos está inspirada en los trabajos del psicólogo Daniel Goleman (nacido en 1947), psicólogo que ha popularizado la expresión "inteligencia emocional". Sintetizando, podemos hablar de cuatro capacidades importantes:      
  • Capacidad de autoconocimiento: saber cuáles son tus puntos positivos y tus debilidades.
  • Capacidad de autocontrol: no dejarte arrastrar irreflexivamente por los primeros impulsos.
  • Capacidad de empatía: tener en cuenta a los demás.
  • Capacidad de gestión social: utilizar recursos de comunicación y de colaboración con los demás.
      Terminamos diciendo que sobre esta base de capacidades y actitudes, estudiadas científicamente por la Psicología, la Filosofía moral o Ética analiza la dimensión moral del ser humano: con sus normas morales, valores morales y virtudes.




Autor: Julián Jesús Martínez López

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